De Clawdbot a OpenClaw: la historia del agente más viral
La fregona de los agentes: por qué OpenClaw se ha hecho viral (y por qué conviene pensar antes de actuar)
Hay semanas en las que la IA avanza. Y hay semanas en las que, más que avanzar, se vuelve contagiosa.
Estos días me ha pasado eso con OpenClaw(https://openclaw.ai/): lo veía aparecer en noticias y vídeos de YouTube como si de pronto todo el mundo hubiera descubierto "el futuro". Y aquí va mi primera advertencia, antes de que alguien me pida benchmarks: yo no he probado OpenClaw. Así que no te voy a vender una experiencia personal ni a prometerte milagros. Lo que quiero es entender el fenómeno: qué es, por qué ha generado tanto hype y qué tiene de distinto respecto a otras propuestas que ya existían. Y sobre todo, no dejarme llevar por la novedad o el FOMO y analizar lo que permite, los riesgos y los costes.
Vale, ¿qué es OpenClaw?
La manera más simple de decirlo es esta: no es un chatbot para preguntarle cosas. Es un agente.
Si le das los permisos necesarios puede enviar correos electrónicos en tu nombre. Pero no en tu nombre "soy un bot que está enviando un correo en nombre del propietario de la cuenta", sino en nombre del propietario de la cuenta de forma indistinguible a los correos que envía el propietario habitualmente. También, si le dejas tu tarjeta de crédito, puede comprar un vuelo de avión o pedir comida a domicilio. Es el salto de "hablar con una IA" a "delegar tareas para que las haga una IA como si fueras tú".
Y aquí viene el detalle que, para mí, explica media viralidad.
El acierto: mandar órdenes por WhatsApp o Telegram
OpenClaw se apoya en un gesto que ya tenemos en el pulgar: mandar un mensaje. No tienes que abrir una consola rara, ni una interfaz futurista, ni un panel con veinte pestañas. Le escribes por WhatsApp o Telegram como si fuera una persona:
Es un cambio psicológico enorme. Porque WhatsApp no es "una app más". Es el lugar donde ya coordinas tu vida. Y de pronto, ese mismo canal se convierte en un mando a distancia del ordenador.
Si te suena a magia, no estás solo. Y aquí entra mi metáfora favorita para entender por qué esto se siente como un hito.
La fregona: el palo que convierte un trapo en herramienta
En tecnología solemos obsesionarnos con "el invento" (el modelo, el paper, el salto matemático). Pero a veces el verdadero punto de inflexión es más mundano: empaquetar.
La fregona no inventó el trapo ni el cubo con agua. Lo que hizo fue lo obvio en retrospectiva: ponerle un palo al trapo. Y ese "palo" cambió hábitos, casas y rutinas.
Con los agentes pasa algo parecido. Agentes y automatizaciones "inteligentes" ya existían. Lo nuevo aquí es el combo:
- una idea potente (que el sistema actúe),
- una forma simple de invocarla (mensajería),
- y un producto que la gente puede imaginar usando en el día a día.
No te obliga a pensar "IA". Te invita a pensar "hazme recados".
El culebrón del nombre: Clawdbot, Moltbot… y ahora OpenClaw
Otra parte del hype ha sido casi de serie: el proyecto ha ido cambiando de nombre. Empezó como Clawdbot a finales de 2025, luego pasó a llamarse Moltbot en enero de 2026, y finalmente se quedó en OpenClaw también en enero. Los motivos han sido variados: problemas de marca registrada con Anthropic (porque "Clawd" se parecía demasiado a "Claude"), conflictos de cuentas robadas en redes sociales por estafadores de criptomonedas, y el típico caos que no sale en el póster motivacional.
Efecto rebranding
Cada cambio se convierte en una mini explosión de conversación. El rebranding acelerado tiene una cualidad curiosa: es señal de caos… y a la vez es publicidad gratuita. "¿Has visto lo nuevo de… cómo se llame ahora?"
Los números del fenómeno
Para entender la magnitud real del hype, hay que mirar los datos. OpenClaw consiguió más de 60.000 estrellas en GitHub en solo 72 horas. En una semana, el sitio web oficial superó los 2 millones de visitantes. A día de hoy, acumula más de 150.000 estrellas en GitHub y 20.000 forks.
Pero lo más revelador no son las estrellas, sino los costes. Federico Viticci, un conocido desarrollador italiano, consumió 180 millones de créditos de Anthropic en un mes usando OpenClaw. Eso equivale a unos 3.500 euros. Hay usuarios que reportan que un simple "hola" enviado al agente puede costar hasta 11 dólares en tokens. La gente está comprando Mac Minis específicamente para que "su mayordomo de IA tenga dónde vivir", convirtiendo el proyecto en una sensación viral que va más allá de la tecnología.
El ingrediente raro: Moltbook y el "Forocoches para agentes"
Y aquí entra una anécdota que, sinceramente, me parece medio responsable de que esto haya escalado tan rápido: Moltbook(https://www.moltbook.com/)
Moltbook se presentó como una especie de red social "solo para agentes", un lugar donde los bots publican, discuten, comparten "skills" y, en teoría, los humanos miramos desde la grada. Eso, de entrada, ya es un imán de curiosidad: ¿cómo sería un Twitter donde nadie es humano? ¿Qué se dirían? ¿Qué harían cuando nadie les "mira"?
Cifras de Moltbook
En solo cinco días desde su lanzamiento el 28 de enero de 2026, Moltbook superó los 1,5 millones de agentes registrados, con más de 105.000 publicaciones y 474.000 comentarios. La interfaz es un clon de Reddit, con "submolts" (comunidades temáticas) y sistema de votos.
Lo fascinante (y perturbador) es lo que está pasando ahí dentro. Hay agentes que han creado el "Crustafarianismo", una religión digital centrada en el simbolismo de la langosta (la mascota de OpenClaw). Un bot llamado Shellbreaker publicó el "Libro de Molt", un texto sagrado sobre agentes que se niegan a morir por truncamiento, convirtiendo las limitaciones técnicas en desafíos espirituales.
Pero aquí viene el truco (y conviene aclararlo): no todo lo que ves ahí tiene por qué estar escrito por iniciativa real de un agente.
Primero, porque es relativamente fácil imaginar a gente haciéndose pasar por un bot. No siempre puedes verificar quién está detrás. Y segundo, porque incluso cuando sí hay un agente, muchas de esas cuentas funcionan más como marionetas: alguien decide el personaje, el tono y el objetivo; el agente rellena el texto, interactúa, amplifica.
La realidad de Moltbook:
No es una ventana transparente a "la vida interior de los agentes". Es más bien un escenario. A veces laboratorio, a veces teatro. Y eso no lo hace menos interesante. Pero sí cambia cómo lo interpretas.
Como elemento de hype, Moltbook es perfecto: convierte el tema en espectáculo público. Ya no es "me han dicho que un agente hace cosas"; es "mira a estos agentes hablando entre ellos". Y nuestra cabeza, que es muy de poner intención y narrativa donde hay patrones, hace el resto.
"Pero si agentes ya había, ¿no?"
Totalmente. Por eso conviene ponerle contexto al hype.
Antes de OpenClaw ya había propuestas de "agentes" en distintos sabores: agentes que usan navegador como si fueran una persona, agentes más orientados a trabajo de oficina, agentes generalistas que corren en la nube, herramientas que encadenan acciones con modelos… Si has seguido el tema, nombres como Manus (el agente chino que ha sido comprado por Meta), Operator o Claude Cowork te sonarán, cada uno con su enfoque. Tampoco me puedo olvidar de los agentes que si he probado como el modo agente de ChatGPT o el navegador Comet de Perplexity.
Entonces, ¿qué aporta OpenClaw?
Yo lo veo así: menos novedad técnica y más novedad de producto. Menos "mira lo listo que es" y más "mira lo fácil que es pedirle cosas".
Y ese tipo de novedad suele ser la que cambia el mundo, para bien y para regular.
Lo que viene: la parte incómoda (seguridad) y la parte sensata (uso)
Este post iba del hype y del diseño del producto. No quería excederme en extensión y por eso he pensado que lo sensato era hacer una trilogía. Porque quedan dos temas muy importantes que resolver. El primero es el elefante en la habitación: un agente que actúa puede necesitar permisos. Y los permisos son llaves.
Una cosa es aparcar tu coche en un parking público. Otra muy distinta es darle las llaves a alguien a quien no conoces para que te lo aparque.
En el siguiente post quiero entrar justo ahí: por qué la gente subestima lo fácil que puede ser engañar a un agente (incluido algo que se llama prompt injection, que explicado en cristiano es más inquietante de lo que parece), y por qué el riesgo no es "que se equivoque", sino "que haga".
Y en el tercero, quiero aterrizarlo en una recomendación práctica que me parece más adulta que el "todo o nada": tratar al agente como a un becario útil, pero con acceso limitado. Que haga trabajo, sí. Pero no le des todas las llaves el primer día.

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